espontáneo y natural...rescatándome

"LOS RICOS Y LOS PODEROSOS GUSTAN DEJAR TESTIMONIO Y REGISTRO DE SUS HAZAÑAS Y SU PARTICIPACIÓN EN ELLAS; LOS POBRES, COMPARATIVAMENTE, SE QUEDAN SIN VOZ EN LA HISTORIA..." Para una historia de los pobres de la ciudad, por Vicente Espinoza.

Nombre: Mauricio Alejandro

Todo lo que aquí subo son textos guardados hace tiempo en mi PC, fruto de los sentimientos y pasiones que en algun momento me embargaron y fluyeron en letras, historias, cuentos o simples escritos; todos ellos sinceros y muy útiles para el desahogo y las posterior relectura y reflexión...

miércoles, enero 12, 2011

Protegerse del Futuro.

Del bolsillo de Minera la Escondida, la mano de Santiago a Mil 2011 y la cabeza de Christoph Marthaler, el 8 de enero llegó a Santiago (Colegio San Ignacio de Alonso de Ovalle) Protegerse del Futuro. Un grupo de austriacos dan vida a una historia conocida: los anormales, enfermos y feos ante la sociedad normal, sana y bella. Una cara más de viejas dicotomías. Fuerte/débil, superior/inferior, derecha/izquierda, rico/pobre.

El Hospital psiquiátrico de Viena, Otto Wagner, bajo la dirección del emisario nazi Dr. Psiquíatra Heinrich Gross es el escenario. Franz, Margot, Frieda, Josef, Hans Gerhard y Wilma, los protagonistas. Un puñado de niños vieneses -escogidos entre cientos como ellos- que, internados por orden del Reich, sirvieron a la eugenesia, la disección cerebral, el archivo genético, la eutanasia y la esterilización con fines de limpieza étnica y perfeccionamiento social.

Todo comienza con un circuito que convierte al Colegio San Ignacio en el mismo Otto Wagner. Los libros, alpargatas y trabajos manuales de los cientos de niños enfermos mentales o deformes allí internados alertan sobre los escalofriantes episodios que esperan a los cerca de 150 espectadores. Luego, ya algo silentes, somos invitados –ahora si- al teatro. Sin embargo no hay galerías o butacas, sino un banquete. Somos invitados a compartir una velada del horror en la que directores del hospital, políticos y científicos nos informan de los avances de la medicina, así como de los beneficios sociales de la eutanasia, la esterilización forzada, etc. Invitados, en palabras de Karl Kraus, a dar la bienvenida al caos pues el orden ha fracasado. Todo ello brutalmente amenizado con la banda musical de niños enfermos mentales pero con habilidades musicales del hospital. La velada termina abrupta y hostilmente cuado meseros comienzan violentamente a retirar todo, al tiempo que un bando del Reich (por alto parlante) nos informa que de ser anormales, enfermos, etc. concurramos al municipio. Los espectadores, visiblemente asustados, comenzamos a evacuar el teatro y, sin mas, nos enfrentamos al burócrata nazi que nos registra en riguroso cumplimiento del bando mencionado. Comenzamos allí un camino que nos convierte ya no en invitados sino en pacientes ya registrados del hospital. Recorremos las salas de actividades, escuchamos voces de niños internos, visitamos al médico que nos clasifica mediante la revelación de nuestros órganos enfermos, distancia entre ojos, perímetro de cráneo, nacionalidad, profesión, etc.; a la enfermera que prepara medicamentos en medio de mugre y sangre, etc. Finalmente, somos devueltos al teatro. Allí nos esperan tonadas fúnebres que aclimatan el testimonio de un par de niños internos en Otto Wagner, alternado por el de un médico y una enfermera que los tuvieron a su cuidado. La sensación de ser un jurado escuchando los testimonios nos invade. Desde ese sitio (ya no del de patrocinador al comienzo o interno luego) parece más cómodo juzgar, sin embargo el conflicto entre los dolidos testimonios de las víctimas y las buenas razones esgrimidas por los inculpados nazis, no fue cuestión fácil de resolver. Tan difícil como desanudar la garganta y aplaudir una historia vieja pero genialmente expuesta por la compañía austriaca en escena.

En 2004, el economista de la Universidad de Chicago Steven D. Levitt, publicó en Journal of Economics Perspectives el artículo “Understanding Why Crime Fell in the 1990s: Four Factors that Explain the Decline and Six that Do Not”, cuya novedad y polémica radicó en declarar que el descenso abrupto de la criminalidad en Estados Unidos durante la década de los 90’ no es un enigma, siendo una de las variables más relevantes la legalización del aborto tras el caso Roe v/s Wade en 1973. Levitt, valiéndose de un complejo modelo matemático concluyó que la correlación entre aborto y delincuencia es clara. Así, la legalización del aborto, al evitar embarazos no deseados –niños no deseados que presentan altos riesgos de caer en la delincuencia- es una de las variables que explica en mayor medida la abrupta disminución de la criminalidad en Estados Unidos entre 1980 y 2000. En otras palabras, el aborto ha sido –supongamos que sin haber sido concebido como tal- un eficiente control de la criminalidad pues ha evitado que niños no deseados que representan un alto riesgo de caer en el crimen por su condición que muchas veces los expone al abandono, desdén de sus familias, pobreza, etc. De ese modo, si entendemos que el crimen es nocivo y antisocial, ciertamente, el aborto ha permitido una sociedad mejor. Una sociedad más sana. Limpia.

Con seguridad las ideas anteriores son tendenciosas y se abstienen de múltiples y necesarias reflexiones si lo que se pretende es hablar de aborto, partiendo por las más básicas disquisiciones entorno a cuestiones como ‘mejor no haber nacido para vivir en estas x condiciones’. Al respecto, solicito sus disculpas pues no pretendo detenerme en la discusión bizantina entorno al aborto, que, por lo demás, sigue siendo irresoluta para mi.

Al contrario, precariamente, sólo persigo instar a la reflexión entorno a lo difuso que se vuelve trazar la línea entre eutanasia, fertilización artificial, esterilización, aborto, bancos de ADN, etc. y el Hospital Otto Wagner del Dr. Gross. Franz, Margot, Frieda, Josef, Hans Gerhard y Wilma, ciertamente no encontraron un lugar en la sociedad nazi que les tocó vivir. Fueron identificados como seres indeseados, no productivos o genéticamente no valiosos. La esterilización previno la reproducción de seres como ellos en Viena; y luego, la eutanasia, su presencia contaminante en la misma.

Insto a la reflexión, y profunda reflexión, pues en el mundo siempre hay (aparentes)buenas razones para adoptar determinadas acciones. El mismo Heinrich Gross y su equipo en Viena, las tuvieron. Razones que, incluso, le han valido a muchos de los involucrados en acciones detestables, sino la libertad, una vida sin condena. El mismo Gross falleció en 2004 sin ser condenado, 4 años luego de que el proceso en su contra se suspendiera por el deterioro de salud que le significaban sus 87 años –historia ciertamente conocida por nosotros(chilenos), y aún hoy, padecida por otros tantos-.

Por estos días, el debate entorno al aborto terapéutico saca roncha. Ayer fue la pastilla del día después, anteayer las pastillas anticonceptivas, anteanteayer la clonación, anteanteanteayer el transplante de órganos… pero, para estar protegidos del futuro vale preguntarnos: ¿qué será mañana?.

Repito: la línea es difusa y la seducción por la razón está a la orden del día.


Mauricio A. Delgado Muñoz.


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